El rey de los hedonistas

Leyendo el Náucrato de Rebord apareció la cuestión de que dedicar la vida a la búsqueda de la felicidad no tiene sentido. Plantea que la felicidad es un mero accidente en la búsqueda de propósito. Lo que hay que buscar es un propósito y la felicidad puede llegar como un efecto colateral.1 Esto se puede pensar desde el hedonismo del filósofo griego Aristipo, para quien la felicidad era consecuencia de vivir placenteramente. El propósito de Aristipo, como buen hedonista, era dedicarse de lleno al placer, a disfrutar del placer presente. Entendiendo al placer como una sensación intransferible que surge de un movimiento, como algo que es siempre activo. Aristipo no aceptaba los placeres pasivos de Epicuro, que eran la mera ausencia de dolor (no tener hambre, sed ni frío). Tampoco reconocía grados en el placer, ninguno era más valioso que otro, pero sí admitía que los placeres corporales eran más intensos que los mentales. Definía a la felicidad como la suma de todos los placeres particulares, lo que la convertía en un simple agregado, un efecto colateral de vivir presentes placenteros. Un hedonista no busca la felicidad, sino el placer puro y aislado del momento presente2, desacreditando todos los placeres pasados y futuros, los que todavía no son y los que ya fueron. Intenta, de algún modo, volver a la sabiduría de la bestia, que pone toda su vida en cada instante sin recuerdo o previsión3. Pero hay un matiz importante: Aristipo era admirado por su habilidad para aceptar y desdeñar. Una vez salió con su criado, quien se quejaba del peso de la bolsa de dinero que cargaba, a lo que Aristipo le contestó: "tira lo que sobre y lleva tan solo lo que puedas". La vez que el tirano Dionisio le dió a escoger entre tres heteras, Aristipo eligió a las tres, diciendo que “ni a Paris el troyano le fué bien escogiendo una”. Sin embargo, cuando llegó a la puerta de su casa, las dejó a todas libres4. Otra vez lo vieron entrando a la casa de una hetera y se lo reprocharon, a lo que él les contestó: “No es feo el entrar, sino el no poder salir”5. El secreto del buen hedonista es siempre tener el control, siempre poder decir que no y evitar los excesos, que producen más dolor que placer. Dominar los placeres es mejor que abstenerse totalmente de ellos.6 Pero, el riesgo es siempre ser un incontinente, un adicto o un esclavo.

Esta cuestión de adicción a los placeres es algo que Mark Fisher describe como hedonia depresiva, manifestando que muchos jóvenes presentan una incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea buscar el placer. Que corren de un placer a otro y se quedan siempre con una sensación de que algo les falta, algo que probablemente esté más allá del principio del placer, quizás en el sentido o propósito.7 Fisher habla de la dieta probada del olvido: videojuegos, televisión y marihuana8, del encierro en un círculo repetitivo que se vuelve con el tiempo compulsivo y aumenta la insatisfacción9. ¿Podemos aplicar los principios de Aristipo en esta época sin caer en la hedonia depresiva de la que habla Fisher?

Si, pero hay mucho trabajo que hacer para poder ser un buen hedonista:

Primero, recuperar el cuerpo. La vida sedentaria y virtual del siglo XXI promueve una desconexión con los placeres corporales y una supremacía de lo mental. Estamos mucho tiempo frente a pantallas. Reemplazar horas virtuales por el uso del cuerpo es una buena forma de empezar a disfrutar del movimiento y de los placeres corporales que eran los recomendados por Aristipo.

Segundo, no ser adicto a nada: Hay demasiados mecanismos para hacernos adictos en este siglo. Por ejemplo, la comida tiene excesos de azúcar, sal, saborizantes, glutamato, etc; las aplicaciones del TV y el teléfono utilizan componentes como el scrolling infinito, la reproducción automática y las notificaciones para aumentar nuestro tiempo en línea. En resumen, muchas empresas tienen un único objetivo: Generar clientes que consuman cada vez más sus productos. El mejor cliente es siempre el más incontinente, el que no puede parar de consumir. Es difícil, pero hay que poner un límite a todo esto, si no puede ser de manera colectiva y legal, tiene que ser de manera individual, con el objetivo de evitar la constante manipulación que lleva a la adicción.

Por último, Ignorar las expectativas irreales: El capitalismo genera muchas expectativas sobre lo que el placer debería ser. Tanto en la publicidad de las redes, como en el cine, desde el porno hasta Disney, nos inunda de fantasías de la vida "exitosa" que deberíamos llevar, haciendo cada vez más difícil valorar los placeres simples y cotidianos. Si alguien vio una publicidad de autos o de perfumes, puede entender claramente este punto. Todo el ensueño de consumo es una gran venta de humo que desvaloriza el presente. No necesitamos tantas cosas, ni tantas versiones de las mismas cosas. Al final, para un buen hedonista no importa lo que tenemos, sino lo que disfrutamos.

Si bien está claro que no podemos vivir en la Grecia clásica y quedar exentos de la influencia del capitalismo, la virtualidad y el consumo, podemos ponerle un freno a la creación infinita de deseos:


Dícese que Jerjes ofreció una recompensa a quien encontrase un nuevo placer para él
Y yo creo que fue tarea difícil, ciertamente, y que tuvo que costar un tesoro a Su Majestad.
Por mi parte, yo soy solo un poeta moderado y que gusta del amor auténtico y no me interesan los placeres nuevos, ya que los de siempre me bastan y complacen sobradamente.10

En este poema Lord Byron opone la visión del hedonista a la del tirano. La característica del tirano es la falta de límite, la desmesura. Es siempre querer más y permitirse todos los excesos, hasta hacer una de más y perderlo todo. El hedonista, como maestro del placer, puede elegir y desdeñar, sabe hasta cuando y hasta donde y también cuánto. Sabe que los placeres del cuerpo son los más intensos y no busca tampoco una refinación exagerada. Se cuida de los excesos y conoce muy bien que la desmesura no lleva a más placer sino a un profundo aburrimiento.

Si bien, las formas más poderosas del deseo anhelan siempre lo desconocido11, el contentarse con lo que hay y exprimirlo es la verdadera forma de cumplir el precepto del rey de los hedonistas: ocuparse del placer puro y aislado del momento presente.


 1- “La felicidad sólo puede ser un efecto colateral de hacer algo que no tiene nada que ver con ella.”  Esto es una cita de Zizek que está citando a Bootsy Collins, el cantante Funk

2-  Cf. El hedonismo de Aristipo - Cappelletti

3-  Cf. Ibíd. Pág. 9

4- Cf. Diógenes Laercio - Vida y Opiniones  de Filósofos Ilustres Libro II p.67

5-  Cf. Ibíd Libro || p.69

6-  Cf. Ibíd p.75

7-  Cf.  Mark Fisher - Realismo Capitalista Pág. 50

8-  Cf. Ibíd Pág 52

9-  Cf. Ibíd 135

10- Lord Byron - Don Juan. p118

11- Cf.  Mark Fisher - Realismo Capitalista Pág. 115


+info

Conversación con Chat GPT sobre estos temas https://chatgpt.com/share/678860e7-0ef0-8013-aaec-f3b279be4483

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